19 de junio de 2024

Ibeth Guzmán, en “Tiempo de pecar” (2 de 2)

Escritor y Académico, Virgilio López Azuán

Por Virgilio López Azuán

Cuando expreso “estado poético” no me refiero a escribir versos, poesía. Me refiero a esa condición humana de propia emancipación. Con la escritura o la lectura del texto narrativo, también se puede obtener ese estado. Si al terminar un escrito uno se queda inconcluso, si aún se expresan los vacíos interiores, hay que volver a escribir de nuevo.

Hay que corregir, hay que hacer una revolución en las oraciones y en los párrafos, hay que deconstruir y reconstruir la estructura del texto hasta que llegue ese momento de la consumación del autor con lo que escribe. Algunos podrían atarse al fulgor celestial de la intuición, al mago hacedor que emite sus esplendores con evidentes aciertos, pero el acto de escritura es un acto racional, del intelecto.

Ahora bien, ¿se pueden conectar la imaginación y los actos intuitivos sobre una plataforma intelectual que canalice el lenguaje y la expresión que queremos? Sin dudas que se puede. Si tomas las riendas de la intuición para la construcción de pensamientos, si puedes atravesar puertas del consciente y el inconsciente con autoridad, estamos entonces en un importante nivel del dominio macrocósmico temático. Esto más el conocimiento de la lengua y la organización algorítmica del pensamiento, nos ayudaría a cultivar el buen oficio de escribir.

¿Por qué he dicho lo anterior? Porque Ibeth Guzmán imagina y crea micromundos en cada relato, quizá entra por la puerta de lo onírico o se balancea en las cuerdas de la imaginación. En el caso del relato Gracias a la virgen, lo horrendo se expresa con manos ensangrentadas, con la cabeza separada del cuerpo y con un cuchillo en medio de un estómago.

Lo horrendo lo seguimos encontrando en Un vampiro en el Caribe. En este caso el manejo dado al relato permite la emisión de destellos poéticos, presentando una lectura en tránsito de lo horrendo a lo poético. También, en el relato A la vista de todos, quizá se exprese mejor la transición al estado poético que el caso anterior.

Lo notamos en la primera línea, “Podía sacar los ojos de sus córneas” hasta llegar a la última línea,“Ahora, ciego, vive en la felicidad del aplauso infinito”,refiriéndose a un personaje actuante en un circo. Se adentra en su imaginación como una dimensión alterna para sus realidades. Lo encontramos en La vida soñada, Vidas repetidas, Con el tanque lleno, El novio y su perfil y Trampa con cara maldita, son los que más se destacan. La autora sale airosa de esas regiones que son fundacionales. Ella las creó, a veces las hizo fábula, a veces solo las contó.

La homosexualidad como mito

La homosexualidad siempre será tema de debate donde se tejen importantes teorías y concepciones. Los hay de carácter religioso, sociológico, cultural, legal, biológico y hasta humano. En el caso de Ibeth Guzmán, en el relato Hombre como islas, más que una fábula, descubrimos la creación de un mito sobre la homosexualidad.

Es uno más, porque en la historia de las civilizaciones, existen narraciones de carácter mitológico que refieren el tema del homosexualismo como en el caso de la mitología grecolatina. Al propio Zeus lo vinculan con un joven troyano llamado Ganimedes, como a uno de sus amantes, y la referencia homosexual que se hace de Aquiles con su fiel pupilo Patroclo en La Ilíada de Homero.

Sin embargo, no conozco en la literatura dominicana un texto con tales características del origen de la homosexualidad. Esta fábula-mítica cuenta la historia de que para terminar con la guerra de los sexos pusieron a los hombres y las mujeres en islas diferentes. Las mujeres no soportaron la soledad y se lanzaron a la isla donde se encontraban los hombres.

Al llegar, fueron apaleadas y sacrificadas porque los hombres habían descubierto el arte de la fornicación homosexual y podían vivir sin mujeres. En conclusión, el homosexualismo en primera instancia es un acto fundacional del hombre, la mujer queda excluida y maltratada por ese acto, según el relato de Guzmán.

Otros elementos temáticos

Los relatos de Ibeth Guzmán te lanzan a mundos de fábulas, mitologías, de cotidianidades y espacios de amplia imaginación. En sus lecturas a veces hay que hacer un silencio en el pensamiento para comprender algunas temáticas porque la apretada síntesis que los envuelve puede conectar al lector con cadenas de múltiples voces interpretativas.

No solo la autora realiza ejercicios de imaginación, sino que el lector tendría que recurrir a la realización de una gimnasia interpretativa según sus niveles de lengua. Es importante aclarar que este fenómeno no se da en todos los relatos. Se presentan algunos que seducen como  La medicina, El bar del amor y A ritmo de la historia.

Hay otros que por su temática te sumergen en la histeria posmoderna como pasa en Paradoja del celular, o aquellos que tocan los linderos de la violencia y la discriminación como son Solo la muerte te separaba de mí y en Pobre Diabla. Tampoco se puede dejar de mencionar el texto Quince años para papá que refiere a actos de pedofilia.

En Ibeth Guzmán la literatura dominicana tiene a una autora con un amplio umbral imaginativo, que deja el rastro de ser humano, en constante relación con la violencia y las luchas propias de nuestro tiempo, tiempo de desacralización, de pastiche y de histeria, donde se rompen y construyen paradigmas de forma acelerada, en donde el caos es reconocido como una condición de carácter personal, colectivo y cósmico. El autor es escritor y educador

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